¿SABES EN QUÉ CONSISTE EL PLAN DE DESCONTAMINACIÓN DEL LAGO VILLARRICA?
PRESIDENTE BORIC FIRMÓ DECRETO SUPREMO QUE PERMITE QUE EL PROYECTO AVANCE HACIA SU ÚLTIMA ETAPA DE REVISIÓN INSTITUCIONAL.
La firma del presidente Gabriel Boric al decreto supremo que aprueba el Plan de Descontaminación del Lago Villarrica marca un punto de inflexión en la gestión ambiental de la cuenca lacustre. Con este acto administrativo, el documento quedó formalmente habilitado para iniciar su última etapa de revisión institucional, correspondiente a la toma de razón por parte de la Contraloría General de la República, paso previo a su entrada en vigencia.
Más allá del gesto político, la relevancia de esta firma radica en que permite avanzar, por primera vez en Chile, en la aplicación de un plan de descontaminación diseñado específicamente para un ecosistema lacustre, en respuesta al deterioro sostenido que ha experimentado el lago durante la última década. El instrumento surge tras constatarse el incumplimiento de las Normas Secundarias de Calidad Ambiental, particularmente en indicadores asociados a la eutrofización del agua, como la concentración de fósforo, la proliferación de clorofila y la pérdida de transparencia.
Un diagnóstico claro: exceso de nutrientes y presión sobre la cuenca
El Lago Villarrica fue declarado zona saturada luego de una serie de estudios que evidenciaron una carga excesiva de nutrientes, principalmente fósforo y nitrógeno, provenientes tanto de fuentes puntuales como difusas. Este fenómeno ha favorecido el crecimiento anormal de algas, afectando la calidad del agua, el equilibrio del ecosistema y los usos recreativos y turísticos del lago, uno de los principales polos económicos del sur del país.
Sobre la base de este diagnóstico, el Plan de Descontaminación se estructura como una estrategia de largo plazo, con un horizonte de aplicación de aproximadamente 15 años, orientada a reducir progresivamente la carga contaminante que ingresa al sistema lacustre y permitir la recuperación de sus condiciones ambientales.
Un plan de largo aliento y alta inversión
El diseño del plan contempla una inversión global que supera los 50 millones de dólares, financiados mediante un esquema mixto que combina recursos públicos y privados. El Estado asume una parte relevante de las obras de infraestructura y monitoreo, mientras que el sector productivo con presencia en la cuenca deberá realizar inversiones significativas para adecuarse a las nuevas exigencias ambientales.
Este enfoque busca distribuir responsabilidades de manera proporcional al impacto de cada actividad, reconociendo que la recuperación del lago requiere tanto regulación como inversión sostenida en el tiempo.
Regulación estricta de fuentes contaminantes
Uno de los ejes centrales del plan es el control de las fuentes puntuales de emisión de nutrientes. En este ámbito, se establecen límites concretos a la carga anual de fósforo que pueden descargar determinadas actividades productivas, particularmente los centros de cultivo acuícola ubicados en la cuenca.
Estas instalaciones deberán presentar declaraciones formales sobre su nivel de cumplimiento y, en los casos necesarios, desarrollar planes de adecuación que incluyan mejoras tecnológicas, ajustes en sus procesos productivos y medidas de mitigación. El cumplimiento de estas obligaciones será objeto de fiscalización permanente, con sanciones asociadas en caso de incumplimiento.
Asimismo, el plan incorpora exigencias específicas para los sistemas de tratamiento de aguas servidas, tanto existentes como futuros, con el objetivo de reducir de manera efectiva la descarga de nutrientes provenientes del ámbito urbano.
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